La investigación como una práctica social, capaz de generar conocimiento científico y contribuir a mejorar las condiciones de vida de las personas y comunidades, es uno de los sellos del Doctorado en Psicología. El programa forma investigadores e investigadoras con altos estándares éticos, una sólida preparación teórica y metodológica y herramientas para abordar los desafíos contemporáneos desde una Psicología en diálogo con otras disciplinas.
Su propuesta académica se articula en torno a la línea de investigación Psicología y transformaciones sociales, que comprende cuatro ámbitos: educación; trabajo y organizaciones; comunidades y desarrollo social; y salud mental y procesos clínicos. Desde estas áreas, el programa aborda fenómenos como la inclusión educativa, las transformaciones del mundo laboral, los sistemas de cuidado, la participación social y el bienestar psicológico, considerando la relación entre las experiencias individuales y los contextos en que se desarrollan.
Para la directora del Doctorado, Manuela García, Doctora en Psicología por la University of Birmingham, Reino Unido, esta perspectiva implica comprender que los procesos subjetivos no pueden estudiarse de manera aislada de las relaciones sociales. “Tenemos una comprensión de la persona, del ser humano y de la construcción de la subjetividad en relación con otros y en un contexto social”, explica.
Esta mirada también orienta la manera en que el programa concibe el trabajo científico. La pertinencia de las preguntas de investigación, el respeto por las personas participantes y la devolución de los resultados forman parte de un proceso que busca establecer vínculos con las comunidades y contribuir a la comprensión de sus necesidades. En ese sentido, la formación ética constituye un componente transversal de las asignaturas y del desarrollo de las investigaciones doctorales.
“Nosotros hacemos investigación con el objetivo de que el conocimiento nuevo que generamos pueda ser un aporte a que las vidas de las personas y de las comunidades mejoren sus condiciones”, señala la doctora. Por ello, el trabajo no se limita a la producción académica, sino que también considera como base la colaboración con actores sociales e instituciones que pueden utilizar los resultados para orientar decisiones y contribuir al desarrollo de políticas y programas.
Una formación que cruza disciplinas y experiencias
La visión de una Psicología en diálogo interdisciplinario que caracteriza el Doctorado se expresa en distintas instancias de formación. Entre ellas, se encuentran los seminarios con investigadores invitados de universidades nacionales e internacionales, así como la participación de estudiantes de otros programas doctorales en cursos optativos. A su vez, los estudiantes del Doctorado en Psicología pueden complementar su formación cursando asignaturas en otros programas de la Universidad.
Esta interacción permite ampliar las perspectivas teóricas y metodológicas desde las cuales se abordan los problemas de investigación. La formación combina asignaturas obligatorias comunes a las distintas áreas, con cursos optativos y direcciones de tesis vinculados con los intereses de cada estudiante.
A ello se suma la incorporación temprana a grupos de investigación del cuerpo académico, mediante actividades que comienzan desde el primer año. Para Manuela García, este componente es central en la experiencia formativa, pues permite aprender a investigar en colaboración con otros académicos y estudiantes, en lugar de entender el doctorado como un proceso exclusivamente individual.
“Nosotros pensamos que la investigación siempre, desde el inicio del programa, se hace en conjunto con otros, en una comunidad de aprendizaje”, afirma la directora.


Investigar con las personas y comunidades
La trayectoria de Manuela García en infancia y políticas públicas permite observar cómo estos principios se traducen en experiencias concretas. Su trabajo se ha enfocado especialmente en los cuidados alternativos, las residencias de protección, las familias de acogida, los vínculos afectivos y la participación de niños, niñas y adolescentes.
En este ámbito, uno de los principales desafíos consiste en desarrollar metodologías que reconozcan a niños, niñas y adolescentes como participantes activos de los procesos de investigación. Esto supone diseñar herramientas adecuadas a sus experiencias y características, de modo que puedan expresar sus propias perspectivas, en lugar de depender exclusivamente de la información entregada por adultos.
Asimismo, desde su grupo de investigación, la Dra. García ha colaborado con el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia y UNICEF en la elaboración de herramientas y guías metodológicas para promover la participación de niños, niñas y adolescentes vinculados al sistema de protección, además de desarrollar acciones de capacitación con equipos profesionales.
Estas experiencias reflejan la relación entre investigación y entorno que promueve el programa, así como las posibilidades de articular la producción de conocimiento con instituciones y actores relevantes para las políticas públicas.
Nuevas preguntas para una sociedad en transformación
La amplitud de las líneas de investigación permite abordar problemáticas que atraviesan distintos ámbitos de la vida contemporánea tales como los desafíos asociados al impacto de la inteligencia artificial, la precarización laboral, la inclusión educativa, el debilitamiento de lazos sociales, la construcción de la ciudadanía y participación, violencia y trauma, toma de decisiones en contextos de incertidumbre, desafíos para la educación rural, nuevas formas de organización social, entre muchos otros.
Frente a estos escenarios, el Doctorado busca ofrecer una formación que permita comprender fenómenos complejos desde distintas perspectivas, con rigor científico y responsabilidad ética. Su propuesta está dirigida a quienes buscan profundizar en la investigación psicológica y desarrollar conocimiento nuevo en diálogo con otras disciplinas y con las realidades sociales que estudian.
Para la Dra. García, esta forma de entender la investigación constituye uno de los rasgos que pueden resultar más significativos para quienes evalúan continuar su formación académica: desarrollar preguntas relevantes tanto para la disciplina como las personas y comunidades involucradas e integrarse desde el comienzo a una comunidad de aprendizaje, participar en grupos de investigación, e integrarse desde el comienzo a una comunidad de aprendizaje participando en grupos de investigación, bajo la lógica de que “investigar se aprende investigando”.
Javiera Alledes