Profesora Pamela Valenzuela destaca proyección del Magíster en Ingeniería Ambiental de la PUCV

El Magíster en Ingeniería Ambiental de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso nace como una respuesta estratégica a los desafíos ambientales que enfrenta Chile, combinando una formación técnica avanzada con una mirada ética e interdisciplinaria propia de la universidad. Bajo la dirección de la académica Pamela Valenzuela, el programa se ha rediseñado desde la Facultad de Ingeniería, con el propósito de consolidarse como un referente profesional en la especialización de ingenieros y profesionales de las ciencias en esta área.

“Este programa, a diferencia de la normalidad, no pertenece a una unidad académica, sino que depende directamente del decano de la facultad”, comenta su directora.

Origen del magíster

La historia de Pamela Valenzuela en la PUCV se remonta al año 2000, cuando se incorpora como apoyo a actividades de docencia e investigación. “Ahí yo decidí que quería ser una académica de la universidad”, recuerda, en alusión a un proceso de formación continua que incluyó un Magíster en Ingeniería Industrial, mención Gestión, y culminó con la obtención de su doctorado en 2016. Esa trayectoria le permitió transitar desde funciones de apoyo hasta liderar proyectos de investigación aplicada e integrarse como profesora asociada y adjunta de la Facultad de Ingeniería.

Tras obtener el doctorado, el entonces decano José Ceroni la invitó a hacerse cargo del antiguo Magíster en Ingeniería Ambiental mención Procesos. El programa “ya no estaba operativo” y requería un estudio para definir su continuidad, explica. A partir de ese diagnóstico, durante la pandemia se articuló el diseño del magíster actual, mediante reuniones remotas semanales con una comisión interdisciplinaria que integró a académicos de Ingeniería Bioquímica e Ingeniería Química. “No fue como que esto surgió así por obra y gracia, sino que fue un trabajo bastante arduo de más de una unidad académica”, recalca.

Naturaleza profesional y estructura académica

El magíster se define explícitamente como un programa profesional pensado para quienes ya están trabajando. “Lo puede cursar una persona que esté trabajando y que desee especializarse en el área ambiental”, señala Valenzuela, pero advierte que no es un posgrado de baja intensidad. “Muchas veces la gente dice ‘es para profesionales, gente que está trabajando, así que voy a dedicarle media hora a la semana’, y no, requiere una dedicación especial”, subraya.

La malla está diseñada para abordar múltiples disciplinas que conforman el área ambiental y se apoya en “los mejores profesionales que tiene el país y que tiene nuestra universidad”. El propio proceso de formulación permitió visibilizar capacidades internas que no siempre se aprovechaban: “Muchas veces no nos damos cuenta y a veces se va a buscar afuera lo que tenemos dentro de la universidad”, comenta, aludiendo a la incorporación de profesores del Centro de Acción Climática y de diversas escuelas de la Facultad de Ingeniería.

Sello PUCV, dimensión ética y rol social

Consultada por el sello valórico de la PUCV, Valenzuela reconoce que se trata de un concepto debatido, pero que para ella significa “llevar a cabo los mandatos o las exigencias o recomendaciones de la universidad, de la Iglesia, que se hacen carne a través de la acción tanto de los académicos como de los estudiantes”. Lo resume como “hacer lo que hay que hacer, pero siempre teniendo presente a las personas, a la sociedad y, en este caso especial del programa, al ambiente, que sin él uno no puede vivir”.

En el magíster, este sello no se traduce en ramos de ética aislados. “Ha integrado el sello valórico y de una forma súper particular, porque no son clases de ética”, explica. La dimensión valórica se trabaja en asignaturas obligatorias mediante el análisis de casos prácticos con componentes éticos, a cargo de un profesor de la Facultad Eclesiástica. Para la directora, este enfoque, poco frecuente en otros programas, se articula con el rol social que la universidad le exige a sus posgrados.

Ese rol se hace visible en que la mayoría de los estudiantes son profesionales en ejercicio que continúan en contacto directo con la sociedad mientras estudian. “El profesional que ingresa y lo cursa va a salir inmediatamente y mientras lo esté cursando va a estar en contacto con la sociedad”, plantea. Así pueden “entregar de primera mano todo lo que están aprendiendo” y devolver a la comunidad las oportunidades recibidas: “Estudiar en esta universidad acreditada por 7 años es realmente un privilegio”, señala, por lo que considera un deber “devolver a la sociedad esa oportunidad haciendo las cosas de manera adecuada”.

Interdisciplinariedad y fortalezas del cuerpo docente

Una de las fortalezas centrales del magíster es su cuerpo académico. Valenzuela reconoce que existe el estereotipo del profesor universitario “en un laboratorio desconectado del mundo”, pero subraya que en este programa ocurre lo contrario. “Nuestros académicos realizan investigación asociada a las problemáticas de la sociedad”, de ese modo, los contenidos que entregan están “asociados a problemáticas reales”, aunque se apoyen en conocimientos de libro.

La estructura docente combina profesores de la Facultad de Ingeniería con invitados externos que aportan experiencia en especialidades aún no consolidadas internamente. Además, el programa convoca académicos de teología, derecho —incluyendo especialistas en derecho ambiental— y ciencias económicas y administrativas. “Si bien es cierto se habla de la interdisciplinariedad, acá el estudiante la vive día a día”, resume la directora. Solo reconoce una brecha parcial en el ámbito de contaminación de suelos, mientras que en el resto de los temas ambientales el programa cuenta con cobertura tanto interna como externa.

Perfil de ingreso y aplicación profesional temprana

Aunque inicialmente se pensó sobre todo en estudiantes de ingeniería, el programa hoy requiere licenciatura en ciencias con conocimientos de matemática, química y física. “Ese es como el eslogan”, comenta Valenzuela, pero aclara que han recibido “estudiantes de diversas áreas… y han sido bastante exitosos”. Lo decisivo, insiste, es la experiencia laboral previa: “Lo que principalmente hemos privilegiado es su experiencia laboral”.

La directora relata el caso de una persona del ámbito de la ingeniería comercial, cuyo desarrollo profesional la llevó a la consultoría ambiental y que logró sobresalir en el magíster pese a la dificultad inicial de las asignaturas de especialización. Por ello, considera que el programa se aprovecha mejor con “al menos unos dos o tres años de experiencia laboral en un área asociada al ambiente”. Ese vínculo con el trabajo también se refleja en cómo los estudiantes aplican lo aprendido: uno de ellos le contó que, en una reunión con la autoridad sobre la pertinencia de ciertas normativas, logró sostener su postura hasta que “concluyeron que él estaba en lo correcto”. “Antes yo me hubiera tragado todo lo que me dijeron”, le confesó, algo que para Valenzuela es signo de que “ya hay pequeños cambios que se están dando”.

Casos destacados, convenios y proyección futura

Los primeros siete egresados formales del programa se titularon en diciembre, pero sus proyectos ya permitían anticipar el tipo de impacto que busca el magíster. “Tengo muchas buenas expectativas con ellos”, afirma la directora. Entre los trabajos de graduación menciona el de un gerente de sostenibilidad del Consorcio Santa Marta, “el segundo relleno sanitario más grande de Chile”, que desarrolló una metodología para evaluar el cumplimiento de todos los depósitos de relleno sanitario del país, “que no existe ahora”. A juicio de Valenzuela, ese aporte trasciende el ámbito nacional y puede escalar a nivel internacional. Otro proyecto relevante es el de una profesional de la universidad que diseñó una metodología para mejorar la gestión de residuos sólidos orgánicos dentro de la PUCV.

En términos de crecimiento, el programa ya tiene dos cohortes, 2024 y 2025, y ha pasado de ocho a doce estudiantes entre una y otra. El análisis inicial fue que “el nicho del área ambiental y en específico de la ingeniería ambiental no tiene un líder a nivel nacional”. Frente a ello, la meta es clara: “nuestro trabajo, y particularmente el mío, es llevar este programa a que sea el líder a nivel nacional, que cuando hablen de ingeniería ambiental y de especializarte en ingeniería ambiental, la gente piense primero en nuestro programa”.

Para avanzar en esa dirección, el magíster ha establecido convenios con la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria (capítulo chileno), la Cámara Chilena de la Construcción, el Consorcio Santa Marta, la Asociación de Empresas Consultoras de Ingeniería de Chile y la Superintendencia del Medio Ambiente. Además, se ofrece un descuento a funcionarios públicos: “Queremos que esas personas se especialicen, porque con especializarse van a poder desarrollar mejor su trabajo”, apunta.

Recomendaciones, referentes y concepto clave

Al aconsejar a quienes desean postular, Valenzuela es directa: “Que analicen la malla, que realmente la malla los convenza”. Insiste en que los interesados deben evaluar con honestidad si cuentan con “los tiempos necesarios” para asumir las exigencias del magíster sin afectar sus responsabilidades familiares y laborales.

En cuanto a referentes, reconoce que no consume demasiados libros o películas, pero se siente atraída por aquellas obras que muestran cómo las problemáticas ambientales “generan todo tipo de odios y problemas en las sociedades”. Entre ellas destaca la película “Wall‑E”, a la que define como “un clásico” que se puede ver en familia y que “marca a lo que podemos llegar”. “La gente en Wall‑E ya no vive en la Tierra”, recuerda, y valora que la cinta muestre tanto el deterioro como la resiliencia del ambiente, “porque hay que darle las condiciones”. “La idea es no llegar a eso y por lo tanto tomar las acciones desde ya para evitar tener que vivir en una nave espacial”, advierte.

Cuando se le pide sintetizar el espíritu del programa en una sola palabra, la respuesta de la directora es clara: “Oportunidad”. Una oportunidad “para nosotros como académicos de conectarnos” y para que los profesionales que se especializan “abran la puerta a la sociedad” mediante soluciones concretas a problemas ambientales. En esa síntesis, Valenzuela condensa la aspiración de un magíster que busca unir rigor técnico, compromiso ético y vocación de servicio, en línea con la identidad de la PUCV.

Por Ayskée Solís H.

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